Adopción en tiempos de cuarentena

Finales Felices: Hugo

La historia de Hugo es una de las más emocionantes que ha visto el equipo de Stuka. Luego de tener una vida de maltrato y encierro, que incluso llegó a los medios de comunicación y a la justicia, pudo encontrar una familia extraordinaria. A pesar de su antiguo nombre, Mordelón, ellos no dudaron en recibirlo en su hogar y darle una segunda oportunidad. Esta es la historia de Hugo, contada por su humana Gloria.

La primera primera vez que me llamaron de Fundación Stuka, me dijeron que el perrito en el que estaba interesada aún no podía ser entregado en adopción, porque estaba en proceso de rehabilitación conductual. Me contaron un resumen de su historia de maltrato, e inmediatamente recordé que en el año 2017 había visto por televisión el rescate de 12 perros de un departamento en Providencia, entre los cuales estaba Hugo. Me conmovió su historia, y desde ese momento supe que era el indicado y que estaba dispuesta a esperar por él.

Cuando se concretó la adopción, me propuse como meta hacerlo olvidar sus años de sufrimiento y convertirlo en un perrito feliz.

2 DE NOVIEMBRE DEL 2018

El día que lo fuimos a buscar al refugio lo recuerdo como si hubiese sido ayer. Con el equipo de Stuka demoramos más de media hora en subirlo al auto. Hugo estaba totalmente descontrolado, con mucho miedo y se trataba de arrancar. Además, me habían advertido que no había posibilidad de tomarlo porque no se dejaba manipular.

Camino a Santiago, pensamos varias veces en devolvernos a Stuka, porque no había forma de tranquilizarlo, pensábamos que le iba a dar un infarto por lo agitado que estaba. Finalmente, logramos llegar a nuestra casa, más nerviosos que el mismo Hugo, pensando en qué problema nos habíamos metido.


HOY

Ha sido una etapa de aprendizaje constante, con hartas dificultades en el camino. Hemos buscado asesoría para encontrar la forma de ayudarlo a avanzar y superar sus miedos. La paciencia ha sido fundamental para lograr ganarnos su confianza, porque con él nada se consigue de un día para otro, ni siquiera con premios. Ha sido una experiencia muy linda y enriquecedora, ver que con el paso del tiempo está cada vez más tranquilo y contento. De a poco ha ido confiando en los humanos, sin creer que le harán daño. En una oportunidad, una etóloga me comentó que era uno de los casos más graves que había visto, y que lo único que podíamos hacer por él era dejarlo tranquilo, y no esperar ninguna demostración de afecto de su parte. Por suerte no nos conformamos con ese diagnóstico, ahora hasta nos mueve la cola, algo tan simple que hace la mayoría de los perros, pero con el nuestro es todo un acontecimiento. Después de mucho trabajar con él es gratificante verlo jugar, correr de un lado para otro, hacer maldades, buscar y demostrar cariño, en fin, verlo feliz.

Hoy, parte de sus actividades favoritas son jugar a la lucha libre con su hermano Joe. Mordidas, patadas, planchas, todo vale. Mirar por la reja al perro del vecino, y desafiarlo para pelear, pero en el momento que el perro aparece, sale arrancando. Recoger ciruelas que caen de un árbol y juntarlas en su plato de comida.

ANÉCDOTA

Hugo había llegado hace poco tiempo a nuestra casa, y lo llevamos por primera vez al veterinario a una revisión. Le contamos a la doctora los problemas conductuales de Hugo, por lo que llamó a una segunda veterinaria para que la ayudara, y dijo: “Voy a llamar a una compañera que tiene mucho feeling con los perritos”. Trataron de tomarlo, y con los dos dientes que le quedan, mordió a ambas doctoras y no pudieron atenderlo. Cuando quise pagar la consulta, me dijeron: “No se preocupe. No

tiene que pagar nada, solo llévese a su perro”. Nadie se imagina que un perrito tan chico y con cara de indefenso, pueda llegar a ser tan chúcaro.


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